Coronavirus vs. Regla Fiscal: Un dilema inexistente.

Se ventilan dos propuestas inconvenientes.

Opinión

Por: Mauricio Cárdenas 


Foto: Twitter
Algunos analistas consideran que es necesario acabar con la Regla Fiscal para que el gobierno tenga el margen de maniobra que le permita enfrentar los enormes retos en materia de gasto público. Nada más equivocado e innecesario.

La metodología ordinaria de la regla permitiría un mayor déficit fiscal de cerca de 0,75% del PIB, que es poco. Pero, como lo dice claramente el Artículo 6 de ley 1473 de 2011 (que creó la Regla Fiscal), hay más munición:
“El Gobierno Nacional podrá llevar a cabo programas de gasto, como política contracíclica, cuando se proyecte que en un año particular la tasa de crecimiento económico real estará dos puntos porcentuales o más por debajo de la tasa de crecimiento económico real de largo plazo, siempre y cuando se proyecte igualmente una brecha negativa del producto. Este gasto contracíclico no puede ser superior a un 20% de dicha brecha estimada”. (subrayado mío)
Este mecanismo no se ha utilizado hasta la fecha, pero llegó la hora de estrenarlo.
Nadie duda que el crecimiento estará más de 2 p.p. por debajo del crecimiento de largo plazo (alrededor de 3,6%). Es decir, están dadas las condiciones para activar el gasto contracíclico del que habla la ley.
¿De qué tamaño? Como en 2019 el PIB estuvo -4,7% por debajo de su nivel potencial, la brecha del producto llegará este año por lo menos a -10% (el PIB potencial sigue creciendo y el PIB observado cae por lo menos 2%). El programa anticíclico podría ser hasta 20% la nueva brecha, es decir 2% del PIB.
¿Suficiente con 2,75% del PIB? Probablemente no. De entrada, las medidas iniciales anunciadas la semana pasada, costarán 1,5% del PIB.
Si no es suficiente, el gobierno tiene dos opciones adicionales.
La primera es que por medio de la emergencia puede expedir un decreto que reforme el artículo 6, especialmente el inciso que dice que el gasto contracíclico no puede ser superior a un 20% de la brecha estimada. La verdad es que ese 20% es un número bajo pues supone que el gasto público es muy potente para cerrar la brecha del PIB (cuando en realidad no lo es tanto). Si se sube a 40%, habría un espacio fiscal adicional de 2% del PIB. Ya vamos en un plan de choque de 4,75%, que sería el más grande de América Latina.
Pero incluso si alguien considera que un estímulo fiscal de ese monto no es suficiente e insiste en acabar con la regla fiscal, recomendaría leer al artículo 11 de la citada ley:
“Excepciones. En los eventos extraordinarios que comprometan la estabilidad macroeconómica del país y previo concepto del Confis, se podrá suspender temporalmente la aplicación de la regla fiscal” (subrayado mío)
Es decir, la solución la ofrece la misma ley. Pero, en mi opinión, eliminar o suspender la regla fiscal es perder credibilidad cuando más la necesitamos. Además, es innecesario.
El verdadero problema es otro: ¿quién va a financiar un déficit fiscal ya no de 2,2% del PIB como planteaba el gobierno a comienzos de febrero, sino de 4% o 5% del PIB?
El gobierno ya consiguió 1,5% del PIB tomando en préstamo los recursos del FAE y FONPET, prudentemente ahorrados en el pasado. ¿Cómo se puede conseguir el resto?
Aquí hay una segunda propuesta equivocada. Hay quienes dicen que hay que invocar otra cláusula extraordinaria, esta vez la que le permite al Banco de la República emitir para financiar al gobierno. Esto también es innecesario e inconveniente. El Banco de la República fue pionero en la región en adoptar el modelo QE. Esto significa que va a comprar títulos en firme para lo cual pone pesos en circulación. El gobierno, en teoría, podría emitir todos los TES que quiera pues quien los compre puede, a renglón seguido, vendérselos al Banco de la República.
Pero esto no lo va a hacer el gobierno. El Ministerio de Hacienda sabe perfectamente que si inunda el mercado de TES va a bajar su precio. Nadie se va arriesgar a que los fondos extranjeros—que tienen el 25% de estos papeles—salgan en estampida.
Esto quiere decir que, si se quiere evitar una fuerte devaluación, agotadas las fuentes del FAE o el FONPET, el mayor déficit fiscal hay que financiarlo en dólares. Ahí es donde está el problema. No en la regla fiscal ni en el Banco de la República.
Se habla que las multilaterales, como el BID y la CAF, nos van rescatar. No hay cómo. Son demasiado pequeñas: No tienen el capital suficiente para aumentar los créditos en los montos que América Latina necesita en este momento.
Como siempre que pasa algo extraordinario, todos los ojos del mundo están puestos en el FMI. Ya Trump hizo el guiño y dijo que está dispuesto a ponerle más recursos. Y hay razones para ello: El coronavirus es un problema global que no distingue las fronteras entre ricos y pobres. Esta semana sabremos más sobre la fórmula que piensa adoptarse. Esperemos.

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