La Guacharaca

Opinión


Por: Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

Los ibaguereños mayores de 40 años, tal vez tengamos en nuestra memoria aún a La Guayacara. No me refiero a la especie Ortalis ruficauda (el ave culirroja) ni al instrumento musical idiófono de raspado, que se utiliza popularmente en el vallenato, si no al personaje urbano que sacó risas, sustos y piques callejeros a más de uno de los nacidos en esta tierra.

Hasta una escultura tiene en las afueras del Museo de Arte del Tolima este personaje de la cultura urbana popular de la capital musical colombiana.

Era una mujer delgada, “carifina”, pequeña, menuda y vulgar de léxico, casi siempre con sombrero, costal en su espalda y garrote en mano; se movía por las calles del centro pidiendo limosna a los transeúntes o a ayuda al comercio.

Es más, hasta una canción en ritmo sanjuanero con su nombre e historia de vida tiene la “loquita”, como se le decía. Parte de la letra de ese sanjuanero, dice ”su nombre María Tovar, le decían La Guacharaca porque era maliciosa, malgeniada y lengüilarga, cuando se ponía furiosa saltaba y zangolotiaba y se levantaba la bata”. Sí, literal, de su parte delantera o posterior se alzaba la falda o el vestido para mostrar sus partes íntimas a quienes le gritaban su apodo o pasaban por allí.  Casi nunca llevaba ropa interior.

Mmmm…Loquita, alharacuda, maliciosa, malgeniada y lenguilarga…y zas aparecieron  imágenes cuadro a cuadro de escenas de la política y la administración pública; de cómo sería esa mujer que tiraba piedras, lengüilarga, repartía garrote y madrazo limpio a quienes la provocaban, criticaban o se cruzaban con ella, haciendo parte de los personajillos  de la política colombiana.

La vi en abstracto, quizás llamando públicamente a un ex presidente hoy senador, “mi Presidente”; a un bebé de siete meses asesinado, hijo de unos ex combatientes, casi peyorativamente como “el niño de las Farc”, o calificando de  “rufianes armados” a menores si entraban ilegalmente a una base militar resultando heridos por el Ejército; con ese descontrol de la lengua tan característico en ella diciendo a un presidente extranjero “mi presidente Trupm”; pero también con tranquilidad pasmosa cambiándole el nombre a algún dirigente del fútbol, de Infantino a rebautizarlo Constantino, visualizo;  o que tal olvidara el nombre de tenistas que en un hecho histórico  ganaran para el país un torneo de Winbledon; igual, que con enorme desparpajo decir -sin sonrojarse- que en Colombia hay muchas psicólogas y sociólogas y que estudien otra cosa; así como con la experiencia que da tener mucha calle calificar de “atenidos” a los colombianos confinados por una pandemia a casusa de un virus mortal ¡Que tal esa Guayaraca! Pensé. No. No, podría haber tal nivel de desatino junto, sería un monumental y bochornoso espectáculo, me dije a mi mismo.

Pero igual, en esas representaciones mentales pensé verla en las escalinatas del capitolio gritando a un grupo de manifestantes “estudien vagos, trabajen vagos”y levantándose la falda en señal de ofensa, o diciendo con cara de puño que nos vendieron un pánico absurdo con el cornovarirus. Me niego a imaginarla en ese nivel tan bajo, La Guayaraca no sería así.

Tal vez gritando mientras se cogía el sombrero que a los ingenieros de sistemas en las oficinas solo hay que mantenerlos trabajando dos horas, no se necesitan más. En esta misma fantasía, llamando enemigos a quienes hicieran observaciones y reparos sobre el manejo del erario público en su administración o decir que la atacan con odio político; imaginé cómo sería en esta época de redes sociales La Guyaraca, seguramente con su desfachatez plena hablando de proteger la verdad, la decencia, a los jóvenes, de no incitar a la violencia o el odio, pero con su garrote en mano y costal –decían muchos que repleto de dinero- al hombro, arriendo madrazos a diestras y siniestra.    

En fin, espero que con esta inventiva, con la proyección fantasiosas de La Guayaraca a nuestros tiempos políticos, no haberla ofendido en su imagen y el recuerdo colectivo que de ella tenemos los ibaguereños, no es ni mucho menos mi intención faltarle al respeto a esta ni a ninguna otra mujer.

A propósito: Un enorme abrazo de cuarentena, buena salud y abundancia a todas las madres tolimenses.

Comentarios

Podcasts Controversia

Podcasts Controversia

Nota Económica 20 de abril

Nota Económica 7 de abril de 2020

Nota Económica 4 de abril

Nota Económica 30 de marzo

Nota Económica 24 de marzo

Nota Económica 25 de marzo

Luckia