Ventrílocuos y sus muñecos

 OpiniónCa

Por: Germán Sánchez 

Foto: Germán Sánchez


Desde el año 2006 a la fecha, distintos investigadores y autores con base en la llamada teoría del “actor-red”, especialmente en EE.UU., se han dado a la búsqueda de indagar y comprender varios fenómenos vinculados a la comunicación, especialmente en las organizaciones, así como el impacto de estos en las estructuras sociales de nuestra actualidad (Cooren, Taylor & Van Every, 2006; Brummans, Chaput & Cooren, 2006;Robichaud, Guroux & Taylor, 2004; Benoit-Barné & Cooren, 2008).

Investigaciones que en la actualidad, y con la realidad de la nueva normalidad que somos obligados a sobrellevar dada el irrupción abrupta de la virtualidad y la digitalización por la pandemia mundial, toman relevancia suprema; sobre todo una de ellas, la llamada noción de: ventriloquía.


Este término, para los autores, es concebido como un proceso mediante el cual interlocutores hacen hablar a otros seres o figuras -a veces no humanas- o los manipulan para constituir así un círculo vicioso de mensajes incompletos o cargados de falsedad, imitando el mismo principio que hace el ventrílocuo para hacer “hablar” su marioneta. Esos seres no humanos sobre los cuales también funciona esa ventriloquía, a los que se refieren los estudiosos son, por ejemplo: “los principios, los valores, las ideas, los procedimientos, los estatutos, pero también los colectivos y los grupos” (Cooren, F. 2012, p.2).

Ya el pensador alemán Walter Benjamín había visto la imagen de la ventriloquía como una especie de modelo a escala de la comunicación contemporánea y se preguntaba si tiene sentido emitir un discurso eminentemente sincero, cuando es mucho más efectivo hacerlo a través de otro –el muñeco, el colectivo, la institución o los procedimientos, digo yo- y por debajo de un artefacto social formal visible; con lo cual el muñeco, personaje, figura, organización o partido se constituyen en una especie de fachadas estratégicas que a modo de muñecos hablan por el titiritero oculto, con el interés soterrado que este tiene.

El muñeco se apropia del decir, y lo expulsa al exterior a quien lo escucha y ve, lo “explica” y con ello logra darle alguna forma de verosímil, pero no así de verdadero. Recordemos que lo verosímil se da en la apariencia de lo que podría ser verdadero, pero que no es demostrable tan claramente en lo legal, la ciencia, las normas, etc.


El ventrílocuo: “A diferencia de las formas tradicionales del teatro de títeres, en las que el titiritero está escondido, el ventrílocuo combina las funciones de titiritero y de actor, y de esta manera interpreta él mismo un papel en el espectáculo que representa. Por tanto, el titiritero o la titiritera debe aprender a manipular el personaje sobre sus rodillas, sus brazos (o sobre un pedestal) mientras cautiva al público lo suficientemente como para crearles la ilusión de que el títere vive y habla de verdad. Para ello el titiritero debe mirar en otra dirección, hablar con gestos y animar un diálogo (escrito o improvisado) en calidad de actor al mismo tiempo que se concentra en mantener la ilusión creada en su función de titiritero”. Recuperado de: https://wepa.unima.org/es/ventrilocuo/



Estos son estudios e investigaciones de avanzada para tener en cuenta y muy pertinentes en tiempos modernos muy virtuales, de redes sociales, infoxicación, apariencias de legalidad y moralidad, para tener presentes y no perder de vista para, con una postura férrea, serena y de pensamiento crítico, develar por dónde va el hilo conductor de la marioneta, quién o quiénes a través del movimiento de sus manos en la espalda del muñeco o la muñeca, con su sonido gutural lo manejan, mueven o dan “vida”. Una invitación a la reflexión desde el mundo de la investigación académica de fenómenos sociales, políticos y comunicativos. No olviden, existe el principio de la ventriloquía en la comunicación y por ende en la política se aplica.

¡Ah! Y Conste que al escribir estas líneas no estaba pensando en Maduro con Diosdado, Uribe con el abogado Cadena, Uribe con Duque ni mucho menos en nuestro Alcalde municipal de Ibagué con un ex gobernador o casos similares con mandatarios regionales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


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