El Concejo de Ibagué, como gato de porcelana

Opinión 

Por : Germán Sánchez 

Ojalá el Concejo de Ibagué fuera un Florero de Llorente, es decir, el inicio de discusiones y revoluciones ciudadanas argumentadas en pro del bien común, pero lastimosamente hoy cumple es el papel de florero de mesa o gato de porcelana en centro de sala: inmóvil y de adorno.

Con contadas excepciones, de dos o tres concejales, la necesaria oposición, la denuncia pública y solicitud de claridad de cifras, datos, actuaciones de los funcionarios a cargo de la administración de Ibagué brilla por su ausencia desde el cabildo municipal. Al igual que faltan los grandes, permanentes y profundos debates políticos sobre el futuro económico y social del municipio y su gente.

Sus actuaciones parecieran estar más encaminadas a una mera agenda de trámite, de cumplimiento de sus horas de sesión, más que de abordar temas que sean relevantes para con las enormes necesidades que apremian a nuestra municipalidad.

No se equivoquen, no se trata del número de debates y citaciones hechas hasta el momento, si no de la pertinencia, profundidad e importancia de las situaciones que se deben tocar y analizar allí en momentos tan complejos como los que vive Ibagué debido a: un desempleo que hizo metástasis, la desocupación que carcome a los jóvenes, la delincuencia que campeo por barrios y sectores céntricos, las vías que se hunden por doquier y el dantesco panorama de una ciudad que parece bombardeada por la cantidad y enormidad de los cráteres en calles; muchas familias aguantando hambre o comiendo una vez al día; cada semana, sin falta, se asiste a una denuncia por posible corrupción en la contratación municipal y las mafias se apoderan de los espacios públicos –se sabe que hasta para que un habitante de calle duerma entre los matorrales frente al edificio de la Alcaldía, donde opera el propio Concejo, debe pagar de 4 mil a 5 mil pesos la noche-; a lo cual se suma el enorme descontento ciudadano con la administración actual y ese ambiente de derrotismo y sin salida generalizado que se percibe.

Todos sabemos que en el Concejo actual hay mujeres y hombres con gran capacidad profesional e intelectual, algunos ya con varios periodos a cuestas, por tanto, conocen al dedillo la dinámica de lo público, por lo cual es ilógico su actuar desde todo punto de vista. O bueno, será que esa es parte de la cacareada “tercera ola” que todos esperamos -pero no la del Covid- si no de la pereza y acomodación a la inercia por la dejadez para con la capital tolimense, que cunde más rápido que el coronavirus en espacios cerrados en Ibagué en estos últimos 16 meses.

Por eso, de nuestros concejales reclamamos ver su perrenque, no sus gritos; su liderazgo real, no videos para redes sociales; su capacidad de análisis, no su retórica costumbrista; el estudio y conocimiento de los temas administrativos, financieros, sociales y políticos, y no sus poses de gañanes; sus propuestas y proposiciones realizables, no anuncios y endilgamientos de culpas a diestra y siniestra; en fin, un control político real, no fotos de reuniones en acuerdos burocráticos. Porque para entretenimiento público ya contamos con el Desafío The Box y el show de pin-pin que todos los días el Presidente conduce por televisión nacional.

En estos meses por venir y las sesiones por cumplir, se requiere que los concejales se pongan del lado de la ciudadanía, de los empresarios, de los comerciantes, de los líderes barriales, los profesionales independientes, los jóvenes desempleados y tantos otros que claman un espacio de deliberación, disensos y consensos a la altura de las duras circunstancias actuales, que dejen de actuar como el espacio natural de la politiquería de siempre en favor de maquinarias, grupúsculos y jefes.

Que sus asuntos, sean los temas que le interesan, requieren y esperan los habitantes de la capital de un departamento y no desgastarse ni desgastar la Corporación con minucias y debates como, por ejemplo, el anunciado a la rectora del Leonidas Rubio, que al parecer llegó a poner orden y exigir lo que se tiene que hacer; porque para esa gracia el debate debía ser es cómo está el clima organizacional en todas las instituciones educativas de Ibagué y si en postpandemia no se producirán confrontaciones con el cuerpo docente, administrativos, alumnos y padres con la anuncia alternancia educativa desde junio- un simple lambetazo a la Mineducación-, y si para eso ya se cumple con los protocolos de bioseguridad y, lo más importante, se tienen los recursos en caja para desinfección permanente, materiales, tapabocas, guantes, alcoholes y demás. Temas de los que sí debe ocuparse un cabildo. Este es un simple consejo, para no soportar un Concejo simple.



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