Problema de daltonismo o cuestión de estética y cosmética

  

Opinión 

Por: Germán Sánchez



 

El Gobierno Nacional anuncia con bombos y platillos, como el gran logro en la transformación de la Policía Nacional, que cambiará su uniforme poniéndolo a la “altura” de las mejores del mundo: moderno, adecuado e inspirador. Para ese cambio de look se gastarán entre tres mil y cinco mil millones de pesos del erario en una primera etapa, según los cálculos más modestos. 

Todo pareciera indicar que para el Presidente y su partido ese es el gran aporte en la transformación de una entidad, que sin duda alguna es necesaria y esencial en la vida nacional, pero que requiere reformas internas urgentes en su filosofía, cumplimiento del deber, respeto a los derechos humanos y rechazar -o al menos no cohonestar- los abusos y la brutalidad, tal cual ha quedado evidenciada y debidamente grabada con el accionar desproporcionado de algunos de sus miembros en el paro nacional al disparar contra civiles desarmados o acompañar a quienes lo hacen, ocasionándoles la muerte, lesiones graves o mutilaciones.

Pareciera pensar Duque y sus “buenos muchachos” que con pasar del color verde actual o a un verde más oscurito o en “negro-verdoso” y ponerle al uniforme unos cuadros en blanco y negro por aquí y por allá, se disiparán los disparos de gases lacrimógenos contra el cuerpo o el rosto de manifestantes, el coger en gavilla y golpear de forma bestial hasta la saciedad a quienes capturan o agarran en las calles aleñadas a las manifestaciones, romper adrede vitrinas y vidrios de vehículos o intentar entrar a la fuerza y sin orden judicial a las casas en los barrios.  

No sé si es que el problema lo están entendiendo con extremada ligereza y con una mala interpretación de la llamada teoría del color propuesta por el químico y filósofo alemán  Wilhelm Ostwald (premio Nobel de Química) o de la teoría de los colores del también alemán Johann Wolfgang von Goethe, pero lo cierto es que parecen asumirlo como una cuestión meramente cosmética y estética.

Lo que no se puede permitir es que a la Policía y sus miembros se les degrade de nuevo con falsas teorías políticas, silencios y permisividades, hasta ser un aparato de persecución ideológica al estilo chulavitas o pájaros que tanto daño y tan mala recordación tienen en los anaqueles de la historia nacional. Señores del mando policial y del Gobierno, mejorar y reformar la Policía no se da por la confección de sus nuevos uniformes, si no por profundas reformas estructurales de jerarquía, educación, capacitación, escala de ascensos, mejores remuneraciones y no segregación por estrato social según se quiera ser oficial o suboficial o como ahora los llamen.

Nadie puede esperar que la Policía desaparezca o le quiten las posibilidades operacionales, los recursos y herramientas con las cuales cumplir su deber o la defensa jurídica de sus miembros, pues ello sería insensato; pero sí que se haga una profunda transformación en su accionar y la normativa frente a ciertas actuaciones que comienzan a hacer metástasis en ese cuerpo policial, cuando se trata de hacer frente al legítimo reclamo y al descontento popular en las calles.  


Si no le damos la seriedad y el rigor que merece el cambio que urge esa institución, nos quedaremos con un desfile de modas más, una pasarela, como si se pensara que cambiar el  uniforme de la Policía es la redención de todos sus males, cuando modificarlo parece más una decisión sobre su participación para Colombiamoda, Colombiatex Plataforma K, Ixel moda, Cali Exposhow, Bogotá Fashion Week o  Ibagué Maquila y Moda. No hay derecho.

O también puede ser que tenga el alto Gobierno un severo problema de daltonismo al mirar las enormes necesidades de millones de colombianos, empeoradas en los últimos años por la pandemia, sus decisiones y al no aplicar verdaderas políticas de Estado si no de beneficios direccionados al sector financiero y la gran industria; por lo cual “ve” que cambiando el color del traje de esa Policía que sale a contener las manifestantes todo se aplacará, gracias a la magia del nuevo color.   

Si no nos tomamos en serio este tema tendremos que seguir escuchando carajadas como las que dijo alguien por estos días: “todo uso de la fuerza por la Policía no es un abuso”; pero claro, obvio, eso es como decir que el agua moja. Pues con esa profundidad de argumentos para evitar la reforma y que no se usen cierto tipo de armas, prohibir llaves en el cuerpo que lesionen permanentemente o maten, la asfixia mecánica en el cuello de un detenido colocando la rodilla y todo el peso del cuerpo sobre este o aplicar indiscriminadamente un taser, pues ahora sí se entiende que en lo de reformar a la Policía todo se reduzca a cambiar el “look” y color del uniforme, que sea algo más estético y digno para un show de las Kardashian, que el preocuparse realmente por mejorar una institución que vele y defienda a TODOS los colombianos.


 

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