Juego de Calamar a la colombiana

  

OpiniónCa 

Por: Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-



La serie de moda en la plataforma Netflix ha dado mucho de qué hablar, generado tendencias en redes y alentando memes en el mundo entero. La historia trata de un juego macabro y sangriento donde el ganador se queda con 45 mil 600 millones de wones surcoreanos (146 mil millones de pesos), dinero que se va acumulando en una esfera transparente colgada en el techo de la bodega, la cual pueden ver todo el tiempo, los 456 participantes que aceptan jugar y que son encerrados mientras cumplen con los seis retos en los que deben competir a muerte, literalmente hablando. Son actividades “lúdicas” infantiles o tradicionales -claro, en la cultura coreana- las que deben cumplir mientras se desarrolla la trama.

Esos juegos son: Luz roja- luz verde, donde los participantes pueden caminar mientras una muñeca grita esas palabras, si luego de eso se mueven mueren y así hasta que crucen la meta; luego viene el panal de azúcar o sacar formas geométricas que están contenidas en el centro de una galleta de azúcar que le es dada, pero sin romper la figura; continúa la cuerda, donde dos equipos tiran de los extremos de un laso y gana quien logre derribar al otro; posterior se da el de ganar las 10 canicas de su oponente sin fuerza o violencia; al cual le sigue el puente quebradizo o piedras de cristal, hecho de vidrio templado y vidrio normal, sobre el que deben caminar descubriendo cual es cual evitando caer el vacío. Y, por último, el juego del calamar, que básicamente consiste en sacar a su oponente de una figura dibujada en el suelo que tiene la forma de ese molusco.

Ser eliminado o perder significa la muerte, pues solo una persona puede quedar viva para reclamar el botín millonario y por eso a lo largo de la competición se va mostrando como brota en los protagonistas lo más macabro, siniestro, ruin y lo peor de la condición humana, impulsado por la necesidad y la codicia. 

Pero bueno, creo que este Calamar no es desconocido para nosotros los colombianos y ya hace mucho tiempo nos lo vienen haciendo jugar. Lo que pasa es que se ha hecho más visible y notorio en las últimas décadas. El toque innovador sería que nos lo pusieran a jugar con rana, tejo, yermis, ponchado o trompo.  Pues en un país lleno de endeudados, desempleados, quebrados, mal pagos, apostadores y mafiosos este jueguito macabro tiene apostadores.

Es más, tenemos a nuestro propio anciano dueño del juego, el jugador 001, el Oh il-nam colombiano, dueño del sector financiero y la banca que hizo fortuna a costa de cobrar altos intereses, ser un agiotista con el beneplácito de gobiernos, justicia y congreso. Además, no hay negocio de corrupción, desfalco, malversación de dineros públicos, aportes a campañas, lavado de activos a corruptos y mafiosos donde no aparezca nuestro abuelo dando un Aval. También, está nuestro hombre de la máscara, que se la ha colocado de Presidente, Senador, Gobernador y Alcalde, dando las instrucciones para que otros jalen el gatillo e impongan régimen del terror y la gente clame seguridad. Más de un “líder” político nuestro ha hecho el papel de Gon Young, o sea de reclutador de necesitados para el beneplácito de los dos anteriores.  

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La jugadora 240 o Ji-Yeong, con esa carita de yo no fui, se me pareció a una exministra TIC y una comediante que dizque estuvo en los sótanos del infierno cuando descubrieron los negocios traquetos del marido. En cambio Han Mi-nyeo, la jugadora 212, con su desquiciada personalidad se me hizo más del corte de senadoras como La Cabal y La Paloma o “periodistas” como La Vicky o La  Salud. Mientras que Jang Deok, jugador 101, físicamente se parece el senador que le tumbó los 200 millones de pesos al hijo del actor Bruno Díaz, pero es más como miembro del CD, tiene un aire a Mancuso, Marquitos Figueroa, el Monoy Jojoy o El Paisa, todos gavilleros.  Abdul Alí, jugador 199, como esos colombianos vaciados y necesitados que creen en un mecías que dará más trabajo y menos impuestos, que solo les hablan de seguridad para meter miedo y engañar. 

Conozco más de uno en las condiciones financieras y de las características de Cho Sang-woo, pero aún ando buscando a alguno como Seong Gi-hum, jugador 456, y ganador del juego. En fin, ahí les dejo la tarea para que hagan sus propias elucubraciones con nuestra fauna nacional, regional y local, que bastante jugadores ofrece. 


 

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